Anoche había estrellas nuevas, algunas más brillantes, algunas más cercanas, algunas más oscuras que la noche misma.
La mañana trajo un nuevo Sol, palpitaba como el niño en mi pecho, y se elevó resplandeciente a un cielo afortunado.
Ahora la noche se acerca, y luz carmín responde a mis palabras escondidas, las estrellas de la última sombra, la mañana y el sol mismo se develan ante mi.
La fuente única de vida grita, sombras silenciosas de tiempo antiguo escapan entre mis dedos como agua, y la Tierra es mi madre.
Su barro me nutre, un árbol nace en mi piel y salto a su encuentro.
Padre de fuego, madre de selva.
Soy infinito.
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