La entrada al Oráculo de Delfos rezaba "Conócete a ti mismo...", y luego de algunos años de transformación el candidato abría la nueva puerta comprendiendo el secreto: "...y conocerás a Dios".
La última respuesta se esconde en lo profundo, el cuerpo es sólo habitación del alma, y ella sólo forma a sentir y pensar que dura un soplo en el viento.
La lluvia cae en el océano y las sirenas se elevan, fuego corre el velo de nubes y la luz penetra las olas, mostrando un mundo nuevo;
el nacimiento de estrellas es sólo un momento divino, la verdad es eterna y yo la abrazo cuando las emociones callan, cuando la mente duerme, cuando el Espíritu se expande y comprende, y somos uno.
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